Corrían los efervescentes años 50. París lo era todo. Cristóbal Balenciaga desplegaba toda su originalidad. Hubert de Givenchy abría su primera casa de alta costura. Pierre Balmain creaba el estilo Jolie Madame, tan sencillo y elegante, tan parisien... Coco Chanel regresaba. Eran días soleados para la moda. Y para Vic, porque Maria y Dolors Brussosa, nuestras tías, decidieron que era el momento perfecto para abrir una tienda diferente en todo. Diferente en sus colecciones, porque viajaban por toda Europa escogiendo personalmente los complementos más singulares. Diferente en el trato a sus clientas, para las que incluso encargaban piezas exclusivas. Y diferente en la ilusión con la que la regentaban.
Una ilusión que Maria y Dolors nos transmitieron siempre y que, en 2009, nos llevó a abrir en Barcelona una nueva tienda Brussosa. Por supuesto, fue un día soleado.

